Tuesday, March 29, 2011

Primero, educados

El humorista Máximo presenta en una viñeta a la Santísima Trinidad sobrevolando la tierra en el triángulo con el que suele representarse este misterio y viendo Dios lo que está ocurriendo aquí abajo dice: “me sorprende a veces la realidad”.

En efecto, con frecuencia la realidad sorprende y a veces supera a la ficción. Hace unos días, un grupo de jóvenes universitarios pertenecientes a la llamada asociación estudiantil “Contrapoder” entraron en la capilla católica del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense y, tras leer sus críticas hacia la Iglesia Católica rodearon el altar y varias de las jóvenes se desnudaron de cintura para arriba con la complacencia y los aplausos de sus compañeros.

Condenas oficiales aparte, que las hubo, y al margen de que los hechos puedan considerarse delictivos, dos reflexiones. La primera es que en los últimos años la Iglesia Católica viene siendo la diana que recibe ataques desde distintos frentes por gente que no comparte sus principios, que suele ser la misma que respeta escrupulosamente los iconos de otras religiones, como el Islam. Es preciso recordar que esta Iglesia a nadie obliga a asumir sus creencias ni a practicar sus liturgias, por tanto la discrepancia con ella debería ser compatible con el respeto que merece.

En segundo lugar, hay que señalar que estos hechos tuvieron lugar en un recinto universitario, que es un espacio abierto al pensamiento, a la reflexión, al análisis y a la libre expresión de ideas y creencias dentro del respeto a las ideas y creencias de los demás. Se puede debatir sobre la existencia de capillas católicas en los campus. Pero mientras estén ahí nadie tiene derecho a profanarlas, agredir a sus fieles y ofender a la gente de bien, como no se puede profanar una mezquita o un templo evangélico.

Por eso, la comunidad universitaria debería expulsar temporalmente de su seno a estos chicos por comportamiento indigno y condenarlos a estudiar “educación para la ciudadanía” para que aprendan valores tales como la tolerancia, el respeto a las personas y a todas las ideas y creencias.

En la vida se puede ser estudiante o profesional, ejecutivo o albañil, creyente, ateo o agnóstico. Pero lo primero que hay que ser es educado y respetuoso. El respeto, el entendimiento y la tolerancia son el alma sobre la que descansa la convivencia de la sociedad.

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