Monday, March 21, 2011

El ejemplo de Japón

El mundo entero está pendiente de los reactores de Fukushima y parece que cada minuto que pasa se lleva un jirón de esperanza. Pero dejo a los especialistas los sesudos análisis sobre el problema nuclear y las repercusiones económicas de la catástrofe. En al ámbito de esta modesta columna me interesa más abordar la tragedia humana y el ejemplo que nos está dando aquel pueblo después del terremoto y del tsunami, que son la expresión rabiosa de la naturaleza, y de la amenaza nuclear.

Desde la perspectiva humana los muertos y desaparecidos, los evacuados y desplazados se cuentan por miles; hay familias rotas, teléfonos de seres queridos que no contestan, poblaciones enteras arrasadas… Todo es destrucción, soledad, silencio. A mayores, padecen ahora los rigores de temporal de nieve y frío que agrava la situación de la gente sin techo y sin abrigo.

En medio de ese panorama desolador es muy difícil permanecer sereno y probablemente aquí estaríamos todos histéricos, buscando culpables y planificando venganzas. Sin embargo, las imágenes nos muestran a la gente angustiada, como es natural, pero manteniendo esa serenidad y calma que los caracteriza como pueblo trabajador y ordenado.

Nadie, ningún medio de comunicación pudo publicar una noticia de pillaje, de saqueo, de asaltos o de robos. Escasean los alimentos, el combustible y otros productos de primera necesidad, pero escasean para todos Tampoco se vieron manifestaciones promovidas y arropadas por partidos y políticos para culpar al gobierno de turno, ni caravanas masivas en espantada general huyendo de la zona cero.

Por comparar, conviene recordar el histerismo que provocó el Casón y aquella caravana humana que huía de A Costa da Morte en busca de refugio en los polideportivos de A Coruña. O el caso más reciente del Prestige que, además de verter crudo, sembró el país de confusión y heridas políticas que aún no cicatrizaron. Cualquier comparación de nuestro comportamiento y el de nuestros políticos -del gobierno y oposición- con lo que está ocurriendo en Japón es una ofensa a la inteligencia.

En fin, que los japoneses llorando su tragedia en silencio nos están dando lecciones de compostura y fortaleza ante una catástrofe de consecuencias impredecibles. Ellos saben, además, que la naturaleza los pone de nuevo en una situación de “volver a empezar” y renacerán como lo hicieron después del desastre de la segunda guerra mundial. Solo podemos darles ánimos y desearles suerte, mucha suerte.

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