Friday, November 20, 2009

Como hace siete años

El destino ha querido que el día trece Galicia fuera azotada por un temporal similar a aquel que el mismo día de hace siete años hizo naufragar al Prestige, aunque este año el país fue más afortunado porque no se produjo naufragio alguno en el mar de Finisterre, seguramente porque no navegaba por ese corredor marítimo un barco de similares características.

Siete años después, la primera pregunta es si Galicia está más preparada para hacer frente a una catástrofe como aquella y la respuesta varía en función de los alineamientos políticos. Quienes no tenemos esa servidumbre percibimos que casi todo sigue igual, los medios son escasos -se fue al “mar de Madrid” el grupo de expertos del Centro de Prevención de Contaminación Marítima sin que nadie proteste-, no hay protocolo de actuación y ante otro “accidente” se producirá la misma descoordinación entre administraciones que acabarán culpándose mientras corren los vertidos por la costa.

La segunda pregunta es saber si en estos siete años se ha hecho algo por A Costa da Morte, tradicionalmente abandonada por los sucesivos Gobiernos. Que se sepa, más allá de las compensaciones económicas puntuales tras aquella catástrofe, nada ha cambiado porque esta zona sigue arrojando datos propios de la Galicia más profunda como son las graves carencias en servicios básicos, el problema del paro que padece más que ninguna otra comarca con un índice muy bajo de población ocupada y la pérdida de habitantes porque la gente sigue emigrando cuando encuentra destino.

Llovieron las promesas y permanecen las frustraciones. Primero fue el Plan Galicia y en 2007 se presentó con gran despliegue mediático otro plan para revitalizar la comarca con muchas actuaciones, desde infraestructuras hasta captación de proyectos industriales. Las inversiones estrella iban a ser un gran vial de comunicación, que ahora se les promete concluir en esta legislatura, y el parador en Muxía que duerme envuelto en una maraña burocrática de celos y competencias entre organismos administrativos.

En fin, que este aniversario del Prestige nos recuerda que una nueva catástrofe pillaría a Galicia con las carencias de siempre y que A Costa da Morte sigue abandonada a su suerte. Como hace siete años.

Wednesday, November 11, 2009

La ley Beckham

Como aficionado agradezco a la Liga de Fútbol Profesional que no haya parado la competición liguera en protesta por el cambio en la tributación del impuesto de la renta de los futbolistas extranjeros que juegan en equipos españoles. Tampoco entendería que la patronal del fútbol cuestionara la modificación de la llamada Ley Beckham para que los artistas del balón paguen impuestos como los demás mortales "de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo".

La reforma afecta a unas tres mil personas extranjeras que trabajan en España, entre ejecutivos de empresas, algunos investigadores y unos pocos futbolistas, según el director general de Tributos, y es más importante por lo que tiene de ejemplarizante y simbólico, sobre todo con los deportistas, que por el volumen económico de la recaudación. Pero eso, como contribuyente apreciaría más que los partidos minoritarios de la izquierda "vendieran" sus votos para aprobar los Presupuestos a cambio de otros dos compromisos gubernamentales.

El primero debería ser obligar al Ejecutivo a perseguir con más ahínco y mejores resultados el fraude fiscal. No tengo los últimos datos, pero hace poco más de un año la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda desvelaba que la cifra de impuestos sin pagar ascendía a 280.000 millones de euros -10.600 en Galicia-, cantidades mareantes. Descubrir esas inmensas bolsas de fraude resolvería algunos problemas de las cuentas públicas y aliviaría la carga fiscal de los contribuyentes honrados.

Como segundo compromiso, ya que la reforma fiscal afecta a jóvenes deportistas, sus señorías deberían exigir al Gobierno que haga algo por ese 30% de jóvenes menores de 30 años que buscan trabajo, según la última EPA. Hacer algo significa crear las condiciones necesarias para impulsar un plan de empleo juvenil para que un millón trescientos mil jóvenes capacitados, que son de la misma generación que los futbolistas extranjeros, puedan trabajar. Perseguir el fraude y ocuparse del empleo juvenil son problemas más importantes que pactar el ajuste de la tributación de los deportistas millonarios que suena más a "golpe de efecto" mediático que a una eficacia recaudatoria para aliviar las arcas del Estado.