Tuesday, March 29, 2011

El euro no salva economías

Muchos economistas alertaron de que Europa no podía constituir un área monetaria óptima, las economías diferían demasiado entre sí y no existían mecanismos alternativos a la política monetaria para reajustar la economía. Aquellos que defienden al euro a ultranza argumentan que la culpa de la situación actual es de los gobiernos que en época de bonanza no han flexibilizado sus economías, no han cambiado el modelo productivo ni han fortalecido la gobernanza de la zona euro.

Los gobiernos tan sólo adoptan políticas cuando les son políticamente rentables y no porque la teoría económica o los expertos lo recomienden. La idea es que el euro desincentivó estas reformas que hubieran cubierto mucho mejor a las economías, sobre todo a algunas, ante la actual crisis. Es el caso por ejemplo de España, donde la caída de tipos de interés unido a la creciente demanda en el sector construcción y los incentivos para la compra de vivienda creó una desorbitada burbuja. En este contexto pletórico de creación de empleo, de consumo elevado, de revalorización de activos y de ingresos fiscales muy generosos, no había incentivo alguno para el gobierno para cambios estructurales de gran calado. Los líderes creyeron que el euro incentivaría reformas automáticas, cuando los gobiernos en realidad necesitan motivaciones políticas viables.

Deben centrarse los esfuerzos en conseguir un espacio económico con ciclos homogéneos, alta movilidad laboral y flexibilidad salarial. Hay que mejorar la coordinación y transparencia en la supervisión financiera y crear un regulador único. La emisión de un bono europeo crearía uno de los mercados financieros con mayor liquidez, reduciría los costes de financiación y atraería a los inversores. O los gobiernos “europeízan” sus políticas, o se hace una Unión de verdad, traspasando competencias a Bruselas; pero sea mediante la fórmula que sea la coyuntura exige actuar.

Europa debería haber lanzado el euro conociendo la voluntad real común de avanzar en su propia construcción, porque si algo nos ha enseñado la crisis es que los Estados temen perder soberanía hasta en aquello que se creía más comunitario, la economía. Europa no debería haber lanzado una política económica común “coja”, sí monetaria pero no fiscal, porque ahora a cada país le pasa algo distinto y parece que no puede haber solución común. Sean uno o veintisiete, los gobiernos tienen la llave para tener un sistema fuerte.

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