Saturday, May 07, 2011

Comparaciones

Siempre se dijo que “las comparaciones son odiosas” y puede que sea verdad, pero a veces son necesarias y, más que odiosas, son irritantes.

La semana pasada, cuando los periódicos y los dirigentes de los partidos se ocupaban de la liberación del etarra Troitiño y de su fuga posterior, se supo que otro recluso de la cárcel de Huelva, Miguel Montes Neiro, preso desde 1976, iniciaba una huelga de hambre como medida de protesta porque no entiende como después de tantos años de pena cumplidos no lo dejen en libertad.

Montes Neiro ingresó en prisión un año después de la muerte de Franco -¡xa choveu!- por desertar del ejército y no saldrá hasta el año 2021 cuando expira el cumplimiento de las condenas por haber cometido veinticuatro delitos menores y cinco fugas. No tiene delitos de sangre y la pena más elevada que pesa sobre él es una condena de seis años por un delito contra la salud pública.

Es muy difícil entender lo que no se puede explicar con una mínima dosis de lógica y sentido común. Al menos no se puede entender que Montes Neiro lleve 35 años en prisión y, si no le conceden el indulto, aún le resten diez de cumplimiento de condena, mientras uno de los terroristas más sanguinarios del llamado Comando Madrid, autor de veintidós asesinatos, haya sido puesto en libertad antes de haber cumplido los treinta años de reclusión que establece la ley.

Parece que el tribunal de sesudos juristas de la Audiencia Nacional se amparó en una resolución del Tribunal Constitucional y rectificó poco después en base al criterio aplicado por el Tribunal Supremo en un caso similar para revocar la libertad concedida y ordenar la búsqueda de Troitiño que, por ahora, está en paradero desconocido.

Una decisión precipitada o poco estudiada que añade un nuevo descrédito para la justicia, cuya balanza no parece muy equilibrada en estos dos casos. Al delincuente común, un hombre enfermo y seguramente pobre, lo deja pudrir en la cárcel por delitos menores. En el caso del etarra sanguinario se opta por una interpretación garantista de la ley que, además de representar una burla para las víctimas, crea gran desconcierto en la sociedad.

Castelao dibujó a dos paisanos tristes y rendidos, que se preguntan: “E agora, ¿a quen podemos recurrir para librarnos da xusticia?. Y Curros en “Mirando ó chau” relata la ligereza con que se condena a una víctima que “¡quizais é un imbécil, quizais naceu tolo, quizais é inocente…! Y Dios, que desde lo alto contempla la escena exclama: “Si esto é a xusticia, que o demo me leve”.

No comments: