Wednesday, June 17, 2009

La consulta a los padres

Muchos padres que están siendo consultados sobre “la utilización de las lenguas en la enseñanza no universitaria” pertenecen a las generaciones de rapaces galego-falantes por haber nacido en la Galicia monolingüe del rural, la Galicia más representativa del atraso económico, que describió el profesor Beiras.

En aquellas aldeas aisladas, que eran “unha mestura de lama e fume”, el monolingüismo convivía armonicamente consigo mismo y nadie cuestionaba cual era el idioma oficial. Pero cuando los niños -y los mayores- traspasaban los límites del lugar y subían al “coche de línea” o al tren debían incorporarse a la lengua de la gente bien, al “idioma culto”, y se convertían en aldeanos mudos por las dificultades que tenían para expresarse en una lengua extraña para ellos.

Así crecieron varias generaciones de padres: entre la imposición del castellano y la intransigencia con el gallego, hasta la llegada de la Constitución y el Estatuto que consagran la cooficialidad de las dos lenguas con las que hoy se comunican de forma natural con sus hijos, educados en el bilingüismo.

Su experiencia vital, a veces traumática, les da derecho a ser escuchados para que con sus hijos no se repita la historia sensu contrario, salvo que algún recién converso a la causa del gallego, que abundan, sostenga que estos padres siguen siendo unos pobres aldeanos por los que deben decidir los ilustrados de asociaciones, sindicatos y otros colectivos atrincherados bajo distintas siglas. Más discutible es el procedimiento y los contenidos de la consulta que, como toda acción precipitada, puede resultar una gran chapuza.

En todo caso, el debate lingüístico representa un enorme desgaste de energías que sería más provechoso emplear en lograr un gran pacto político-social sobre la educación para que los estudiantes acabaran el ciclo formativo sabiendo gallego, castellano y al menos inglés. ¿En qué proporción deben enseñarse? En aquella que respete los derechos constitucionales y capacite a los jóvenes para su futuro profesional en el mundo globalizado que empieza en Europa.

Seguro que por ahí irán las respuestas de los padres que tienen las ideas más claras que quienes, de uno y otro signo, intentan manipularlos.

Sunday, June 14, 2009

La Europa escéptica

Tenemos una cierta conciencia de que en Europa se cocinan cosas importantes, pero no sabemos muy bien cómo son sus pucheros ni si en sus instituciones se usa gas o vitrocerámica. Sus inquilinos nos son extraños y, una vez elegidos, permanecen ajenos a la ciudadanía que los ha votado. Hoy se piensa en Europa como en un cementerio de elefantes que vive a impulsos de algunas de sus destacadas figuras, pero lejos de una ciudadanía sin la que no se puede avanzar mucho más.

Los manuales de la UE se remontan a Kalergi o Briand, pero son de una asignatura que permanece en las estanterías de las bibliotecas, lejos de las aulas. A los alumnos que han escrito sobre Lorca en los exámenes de selectividad no se le ha explicado que hace siglos existieron defensores de una comunidad de naciones como Kant, quien planteaba a finales del siglo XVIII que una constitución civil podría vertebrar una “unión de pueblos” si fuera capaz de desterrar su ilusión de bienestar exterior. Es decir, si era capaz de no ensimismarse en el ‘no necesitamos a los demás porque ya estamos bien’, idea muy semejante a las que manejan algunos de los representantes de los extremismos europeos que han conseguido un peso tan destacado en el Parlamento europeo.

Mientras, si las elecciones gallegas trastocaron todas las previsiones oficiales con la pérdida súbita del poder por parte del bipartito, las europeas han refrendado ese castigo a la izquierda con la pérdida de dos puntos en el porcentaje de votos del PSOE y de tres puntos en el del BNG (un tercio del total), mientras ganaba otros tres puntos el Partido Popular, que superó el 50% del total de votos contabilizados. La estrategia comunicativa ‘¡Que viene el lobo!’ ha resultado tan equivocada como temíamos.

Pero quien realmente ha perdido ha sido Europa, un mercado construido sobre los caminos neolíticos de sus primeros habitantes homínidos, los senderos empedrados del Imperio romano, las vías de hierro de las revoluciones industriales, las carreteras asfaltadas de sus autovías y las autopistas digitales de sus economías desarrolladas, que permanece todavía muy alejada de la preocupación de los ciudadanos. Europeos que son capaces de visitar sus rincones a la velocidad de los low cost, para los que Europa nunca ha estado tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.

Wednesday, June 10, 2009

Secuelas electorales

Tanto mitin, tantas declaraciones, tantos debates planteados en clave doméstica no consiguieron movilizar al electorado más allá de una mediocre participación, que solo es imputable a los partidos, a la campaña, calificada como la peor de la democracia, y a los políticos, a todos los políticos, que deberían estar algo más preocupados. Pero mientras unos celebran una victoria escasa y otros dan por buena una derrota mínima, se perciben al menos dos secuelas de estas elecciones en los dos partidos mayoritarios. La primera son las heridas que cada uno ha causado en el otro a lo largo de dos semanas en las que sus dirigentes, en una carrera alucinante de juego sucio, se han empleado a fondo para decirse de todo con ataques feroces, algunos realmente zafios y otros rozando la irresponsabilidad. Tras esta campaña no hay que descartar un endurecimiento en la política nacional, que también llegará a Galicia, porque no va a resultar fácil suturar las heridas entre socialistas y populares, empeñados en aniquilarse mutuamente cuando más necesario es su entendimiento para el gobierno de la nación y de esta comunidad.

El segundo eje de campaña que manejaron y también deja secuelas fue la corrupción, con la munición de los Falcon, los trajes, las subvenciones "hija mediante" o la seguridad de ex altos cargos, acusaciones magnificadas o minimizadas por los medios de comunicación en función de sus posiciones ideológicas. Una pena. Más grave es que en la sociedad se haya instalado la aceptación resignada de la corrupción y de los abusos que se cometen en el poder -repásense los resultados de Madrid y Valencia- hasta el punto que el ciudadano los contempla como un tributo normal que, año tras año, se cobran políticos de casi todos los partidos.

En fin, que estas "elecciones europeas sin Europa" dejan más al descubierto mucha crispación y algún comportamiento público desvergonzado. Una lacra que deben corregir con un plan de regeneración que erradique conductas que atentan contra la honestidad de la mayoría. Al tiempo, que restauren puentes de dialogo porque la colaboración entre ellos, más allá de las diferencias y refriegas electorales, es necesaria para que el país resuelva muchos problemas.

Wednesday, June 03, 2009

¡Europa, aléjalos!

En una viñeta de humor posterior al primer debate que mantuvieron Mayor Oreja y López Aguilar, un espectador del duelo dialéctico televisivo muestra las fotografías de ambos candidatos mientras suplica: "Por favor, Europa, aléjalos de nosotros". No es descabellado pensar que ese sea el deseo de muchos espectadores que vieron a dos políticos amortizados en un debate crispado, de escasa altura intelectual y con discursos carentes de interés.

Pero ellos escenificaron el nivel y las directrices de sus partidos para esta campaña, que responde al guión esperado: sobra agresividad y falta sensibilidad hacia las cuestiones europeas. Europa solo es la disculpa para que los políticos se zurren, enzarzados en discusiones domésticas que contaminan unas elecciones manipuladas para hacer de ellas unas primarias, desnaturalizando el sentido de la convocatoria.

En clave gallega los candidatos o están diluidos en las macrolistas de los grandes partidos o, en el caso de los nacionalistas, aparecen en extraña coalición sin posibilidad de ser elegidos. En la práctica da igual aunque, con lo que nos jugamos en Europa, es triste que el Parlamento Europeo sea un mausoleo de políticos recompensados por sus partidos que jamás regresan a sus distritos electorales para conocer los problemas de sus electores.

Dicho esto, daría algo por asistir a un mitin de Magdalena Álvarez en Galicia que tuviera como teloneros al presidente del Gobierno, al ministro de Fomento y a sus colegas gallegos, todos ellos mentirosos compulsivos sobre los plazos del AVE. Es verdad que aquí mintieron casi todos los políticos, pero produce sonrojo que estos últimos impostores pidan el voto al pueblo gallego al que han estado engañando descaradamente en los últimos años. Es para suplicar, como en la viñeta, que se alejen de nosotros.

Igual de grave es que la sociedad civil no reaccione ante mentiras tan reiteradas, lo que indica que Galicia aún sigue siendo "tierra pobre habitada por almas rendidas, suspicaces y sin confianza en sí mismas", como nos describía don José Ortega. En fin, solo la fe democrática puede llevarnos el domingo a las urnas, aunque para votar tengamos que tapar la nariz y mirar para otro lado.